Era tarde, estaba oscuro y seguía esperando pacientemente en la puerta. Estaba dispuesto a hacerlo con cualquiera que intente pasar a llevarse algo. No le importaba si era un niño un joven o un viejo. Si era hombre o mujer. Por lo que le habían contado los vecinos podía ser cualquiera. Tenia el dedo apoyado en el “gatillo” dispuesto a usarlo. Consciente de lo que sucedia en ese barrio pobre y olvidado, se convirtió para él, en una obsesión. De pronto advirtió que un joven con tapabocas y las manos en el bolsillo se dirigía a la puerta. Se adelantó apurado, rápidamente cruzó su camino y le dijo: - ¡Muéstreme las dos manos! Y presionando el gatillo del spray, se las roció -Ahora puede pasar- agrego con una sonrisa, satisfecho de mantener el local inmunizado,
Los dos hombres sintieron lo mismo: Decepción, abandono, soledad, miedo... Sus proyectos se habían truncado abrupta e inesperadamente y esa fatídica realidad parecía destinada a empeorar… Los dos habían confiado en el mismo estilo de vida, resignando descanso, bienestar, familia, profesión, y sentían que todo había sido en vano. Sentían que habían perdido su dignidad y no veían forma de repararlo. Solo quedaba la vergüenza L a muerte lo arrasó todo. La muerte también había desnudado sus actitudes, el engaño la mentira, la cobardía el arrepentimiento… el deseo de haber actuado de otro modo. Entonces… en la misteriosa respuesta que cada persona tiene frente a la misma adversidad… uno percibió una luz de confianza, se ilusionó con la misericordia y el perdón, pensó que podía cambiar. Y tuvo esperanza El otro no. Sintió que le ahogaba la angustia, el desconsuelo, el pesimismo sobre lo que había de venir…. Creyó que ya no había salida… y se hundió en su desesperación Ese mismo día mien...
Comentarios
Publicar un comentario